lunes, 7 de septiembre de 2020

MISA NEGRA, LA RELIGIÓN APOCALÍPTICA Y LA MUERTE DE LA UTOPÍA de John Gray

La política de la Edad Contemporánea constituye otro capítulo más de la historia de la religión” es la frase con la que abre el líbro y quizá la que mejor condensa la exposición de John Gray. En un ejercicio reflexivo bastante interesante “Misa Negra, la religión apocalíptica y la muerte de la utopía” nos invita a ser conscientes del papel que juegan nuestra concepción del tiempo y del sentido de la história en nuestra postura política. El autor señala a través de sus páginas esos puntos de inflexión en el desarrollo de la historia de las religiones en que aparecieron los mitos que moldearon el activismo de la Edad Moderna. El primero es el del milenarismo, o religiosidad apocalíptica, el otro el de la utopía. 

Carteles de propaganda antireligiosa soviéticos recopilados por Roland Elliot Brown
Carteles de propaganda antireligiosa soviéticos recopilados por Roland Elliot Brown

El milenarismo surge con el cristianismo y con las profecías de un Reino de Dios que se encontraban en el discurso de los Evangelios. Dicho reino se concibió en un principio como la promesa de un cambio profundo en las relaciones existentes entre judíos y gentiles, el orden establecido se trastocaría definitivamente después de ciertos eventos celestiales y la tierra sería una tierra nueva donde la injusticia y el mal quedarían finalmente desterrados. Si observamos detenidamente, este relato de un mundo que se dirige inexorablemente hacia la redención es aquel que pasa a formar la columna vertebral de la cultura occidentaly de su concepción de la historia.

De manera paralela, aunque algo distante, se desarrolla la idea de utopía. “Todas las utopías que nos son conocidas se basan en la creencia de que es posible descubrir unos fines objetivamente verdaderos y armónicos para todos los hombres de cualquier momento y lugar”, nos dice el el autor. Estas Utopías las encontramos las más de las veces en forma de recuerdos de un paraíso perdido antes que como futuros alcanzables, y aunque efectivamente se han utilizado como modelos para guiar a las sociedades, su uso con fines revolucionarios es relativamente nuevo.

En el desarollo de los eventos históricos, a pesar de que el milenarismo fue combatido por la Iglesia católica durante el medioevo usando las ideas neoplatónicas de san Agustín, resurgirá después de la Reforma y las diferentes interpretaciones de las escrituras a las que dio pie. Lo que se ha llamado posmilenarismo, por ejemplo, plantea la posibilidad de que los fieles trabajen para ayudar a que Dios finalmente decida consumar su promesa. De esta idea de que los seres humanos tienen que cooperar con su voluntad para alcanzar el fin de la historia solo hay un breve trecho a la idea de que los seres humanos tienen toda la responsabilidad en sus manos.

Diferentes cultos como cuáqueros, metodistas, calvinistas, etc. tiñieron con sus ideas el desenvolvimiento político de Europa después de la Reforma, pero serían los jacobinos quienes buscarían desterrar definitivamente el papel de Dios de los movimientos sociales. Frente a la difícil tarea de reemplazar a los ideologos políticos religiosos que entonces eran dominantes, los filósofos ilustrados descubrieron que no podían sustraer de sus discursos la idea de que la historia tenía una finalidad o dirección, ello habría significado renunciar al ímpetu militante que tiene la Iglesia y a su carácter optimista. Entonces se sustituyó al Reino de Dios por la promesa de la utopía y el progreso. Había ahora un mundo mejor hacia el cual nos dirigíamos y no era la Nueva Jerusalén, eso era ya cosa de superstición, la nueva sociedad libre, pacífica e ilustrada que vendría sería esta vez totalmente real y los males de la humanidad no los desterraría la fé o la religiosidad, sino la ciencia y la razón. En el calor de la lucha concluyeron también que la utopía debía de traerse no sólamente a través del trabajo productivo y la educación ilustrada, sino a través de la guerra, pues las fuerzas demoniacas de la tiranía y el oscurantismo debían extirparse desde la raíz. El terror era la sangría que purificaría a la sociedad en su camino a la luz. El sufrimiento y el dolor que traerían al mundo se demostraría provechoso una vez el altísimo objetivo se hubiera alcanzado (cosa que aún no sucede)

 

Hay que decir que todo esto pertenece tan solo a la primera parte del libro. La exposición inicial intenta demostrar como estos mitos que de ninguna manera son científicos se trasvasan a los contenedores modernos de la filosofía política y se justifican en una idea del progreso que tiene más de la Teoría de los Tres estados de Joaquín de Fiore que de certeza experimental o de cualquier otro tipo. John Gray llama a la era que comienza a partir de los jacobinos la era de los “misioneros armados”. A la historia de estos misioneros pertenecen tanto los nazis como los bolcheviques (que tienen cada cual su fe, escatología y demonología) y termina con la apoteósis neoconservadora de la invasión a Irak por parte de la administración de Bush y Tony Blair.

A lo largo del libro se toca con relativa calma la cuestión del neoliberalismo (que está muy en consonancia con mi entrada previa en este blog) y el neoconservadurismo. Habla de los ideólgos de estas posturas y de la historia política de Gran Bretaña en esas épocas. Resulta curioso que la batuta del utopismo haya caído de las manos de los soviéticos justo a las de nuestros vecinos del norte en la época del llamado mundo unipolar, y que haya sido solamente para seguir causando más muertes y absurdos como querer implantar una democracia liberal por la fuerza en una geografía y sociedad como la iraquí. ¿No será que hoy en día esa oposición cósmica maniqueísta se ha dirigido hacia su interior? habrá que ver las próximas elecciones Biden vs Trump.

John Gray sugiere que el mundo que nos tocará vivir en los próximos años va a necesitar de una posición hobbesiana frente a la sociedad altamente mixta y sin embargo heterogénea a la que nos enfrentaremos. Las tensiones internas de los estados se incrementarán irremediablemente, el terrorismo aparecerá en nuevas formas antes desconocidas, por ejemplo en forma de virus silenciosos de procedencia anónima (el libro se escribió en 2007) y las cuestiones religiosas ahora desenmascaradas de su disfraz secularista, y que como explica, en realidad nunca dejaron de ser dominantes, podrían desencadenar incluso el escenario de una nueva “Guerra de los Treinta Años”. Vale resaltar el papel ciertamente importante que seguirá teniendo la ciencia a la hora de apuntalar creencias verdaderas en un mundo pragmático, pero no habrá que pretender que solucionará alguna vez los dilemas de la ausencia de sentido o de una finalidad de la historia; ya no hablar de la conflictividad inherente a la vida en comunidad, a la naturaleza humana.

Con los diferentes temas que toca, Misa Negra es un libro que busca causar impresión en el lector. El título que se refiere a la parodía del ritual cristiano donde se invierten todos los papeles y símbolos me parece bastante adecuado y, al menos en una ocasión, difícilmente oculta que hace un llamado, especialmente dirigido al público de Reino Unido, para revitalizar aquel conservadurismo político que fue desterrado por la corriente tatcheriana y todos sus sucesores. Se recuperaría con ello contraintuitivamente un realismo que solía formar parte de él.

domingo, 17 de mayo de 2020

"¿EL FIN DE LA RAZÓN?" DE MANUEL ALEJANDRO GUERRERO

Hace poco tuve la sensación de que el contenido del texto del que trataré había dejado de tener actualidad por los sucesos respectivos a la pandemia de coronavirus y el cambio en la situación política global; sin embargo, ahora creo que es incluso más acuciante el discutirlo, pues la emergencia parece estar agudizando el problema. Tanto las redes sociales como los medios tradicionales han propagado la desorientación y la búsqueda de culpables con objetivos comerciales, políticos y hasta religiosos. “¿El fin de la razón? La destrucción emocional de la democracia moderna” habla de esos fenómenos abarcándolos desde el punto de vista de las comunicaciones.

      Manuel Alejandro Guerrero, académico de la Universidad Iberoamericana cuya trayectoria no pienso relatar aquí, aunque sí que invito a todo lector a buscarla en internet es el autor del texto. El libro cuenta con un número de páginas que ronda las 100 y está dividido en una introducción y cuatro capítulos. En la primera mitad incluye la descripción de las carácteristicas que definen al contexto, mientras que en la segunda realiza un análisis del mismo y hace una propuesta de solución.

     Por tema central tiene la práctica política de los años recientes y abarca de manera parcial la crisis en la que han caído los postulados del pensamiento ilustrado. Hoy por hoy la política se caracteriza por una aguda polarización: la irracionalidad se ha convertido en la moneda corriente de aquellos grupos que buscan incidir en la sociedad; además, la idea misma de democracia se ha visto muy afectada, pues se comienza a dudar de su efectividad para resolver carencias crónicas. 
 
Barack Obama como personalidad mediática y "meme"

Como mencioné, el autor hace hincapié en el contexto. El primer punto definitorio es aquel de las secuelas que dejaron poco más de 30 años de neoliberalismo. Al terminar la Segunda Guerra Mundial y al inciarse la competencia entre los bloques de la Guerra Fría se construyó el llamado estado de bienestar. El gobierno estatal ocupó el lugar preponderante siendo el principal promotor del desarrollo y garante de servicios. Funcionó también a manera de contrapeso contra las grandes corporaciones incluso en países como los Estados Unidos. Hasta los años 80 fue cuando comenzaron a implementarse cambios, desregulaciones y privatizaciones para “empequeñecer” a ese Estado y permitir a los mercados conducir el rumbo de sus antiguas instituciones. Pronto se deshecharon los viejos proyectos de nación. Ahora la verdadera solución a las carencias se encontraba en no intervenir las relaciones entre los proveedores de servicios o productos y el consumidor. En este sistema el individuo se volvió el único responsable de su bienestar y un profundo cambio de valores tuvo lugar.

      En aquel entonces parecía muy prometedor, pero desembocó en varias dificultades tanto en los países desarrollados como en las periferias. El primero fue la desaparición de los instrumentos con los que contaba el estado para combatir la desigualdad y la marginación. Lo público cada vez lo fue menos y el acceder a servicios de salud o eduación de calidad fue privilegio de unos cuantos. De igual manera, el ideal del individualismo ocasionó la aparición de la intolerancia, pues el “otro” comenzó a percibirse solamente como competencia; el bienestar y la seguridad fueron responsabilidad de cada persona:el pobre es pobre porque quiere”. Finalmente, la debilidad del estado le impidió ponerle freno a las asociaciones de oligarcas financiero-políticas que, a través de la corrupción, se afincaron en puntos estratégicos de la economía. Algunos países intentaron paliar las consecuencias cuando votaron por gobiernos de izquierda (Obama, Hollande, etc.); sin embargo, fracasaron irremediablemente al encontrarse maniatados por un pacto neoliberal “centrista”.

      Junto a la crisis social que experimentaron las democracias “occidentales” durante el periodo, otro fenómeno definitorio tuvo lugar en los medios de comunicación. Según el autor, primero la privatización y después la desregulación de los contenidos transmisibles crearon monopolios mediáticos. La programación se orientó cada vez más hacia el entretenimiento como medio de lucro y ello perjudicó a la esfera pública, pues convirtió poco a poco a los noticieros en una especie de info-tenimiento. La descontexualización y la fragmentación de la información ocasionada por los formatos dirigidos a capturar la atención fue la consecuencia más inmediata.

      Dentro de este ambiente la democracia pasó a entenderse como un mercado más. El ciudadano fue tan solo un consumidor y los políticos intentaron ganar las elecciones usando mercadotécnia. Ahora ellos necesitaban ser celebridades de televisión y naturalmente se entretejieron grandes intereses. Durante las últimas etapas, los mismos medios habrían de capitalizar el descontento de los excluidos y fomentar el amarillismo y la xenofobia. Despertar emociones se convirtió en el primer objetivo de ambos. La realidad se podía fabricar y no había más quien verificase las mentiras de los gobernantes y candidatos. Así nacía la era de la posverdad.

      Última parte fundamental del contexto es la aparición de los medios masivos digitales: el internet. Las redes sociales y todas esas plataformas que le permiten al individuo porducir su propio contenido al mismo tiempo que consumir productos culturales de manera presonalizada establecieron a comienzos del siglo XXI la llamada “me-centered society” o “sociedad enfocada-en-mí”. Las comunidades se fragmentaron en burbujas aisladas, grupos polarizados de opinión. Los seres humanos tienen necesidad de pertenencia, si la alternativa de ciudadana desaparecía, obviamente se buscaría esa pertenencia en niveles más concretos de identidad: culturales, raciales, religiosos, de género, etc. En esta nueva economía de la atención los productores de contenidos más breves e impactantes, en el sentido de provocar más emociones —negativas casi siempre— fueron los más recompensados. Con el tiempo las voces apocalípticas, nihilistas y narcisistas liderarían esos medios.

      Claramente para el autor éstas son las causas en la raíz del problema, a pesar de ello incluye un breve análisis teórico y cita las opiniones que otros autores han dado del asunto. De entre ellos destaca a Pankaj Mishra quién publicó “La era de la ira. Una historia del presente” y que al parecer fue la principal inspiración para que desarrollara su exposición. Mishra encuentra como factor definitorio del surgimiento de la ira en el mundo en “los perdedores de la historia”; aquellos grupos que se mantuvieron siempre insatisfechos por el proyecto de la Ilustración y que mantuvieron un “resentimiento” que hoy aflora. Estos opositores solamente pueden ser fanáticos irracionales y excluídos de la educación ilustrada, gente que quedó a los márgenes de la economía, nos dice Mishra. También, respaldándolos se encuentra la tradición de intelectuales que se han opuesto a la Ilustración desde hace más de 100 años: Tocqueville, Nietzche, Weber, Freud, etc.

Manifestante en contra de la inmigración

En realidad —ya en opinión de Manuel A. Guerrero—, estos pensadores lo que realizaron fue señalar “rasgos complejos de la naturaleza humana que habían sido solsayados o subestimados en aras de enfatizar la racionalidad como característica principal del ser humano”. El ser humano no sólamente posee “impulsos instintivos” al mal en un sentido visceral freudiano, sino también posee la decisión de hacer el mal conscientemente. El “mal” es un precio a pagar por la libertad y lo ejemplifica con personajes ficticios como Walter White de Breaking bad o Tony Soprano. Los políticos, los productores de contenido, los votantes, pueden orientarse perfectamente hacia alternativas que promueven un discurso de odio y ensalzan la ira a pesar de las posibles consecuencias.

      Libertad e Igualdad, son ideales ilustrados que han entrado en crisis debido al olvido que ha sufrido otro ideal más de ese proyecto: la Fraternidad. El supremo valor que consiguió la razón en el proyecto moderno pasó a través del cientificismo positivista, y otros derivados económicos actuales, a reducir a la sociedad exitente a números. El neoliberalismo, una ideología de la acumulación por la acumulación, unida a la tecnocracia de la eficiencia por la eficiencia, desencadenaron los conflictos actuales cuando deschecharon el sentido de lo humano en su complejidad.

      Como solución el autor propone regresar al ideal de una solidaridad humana utilizando los mismos medios digitales para fomentar “emociones formativas” como la empatía. Si las plataformas digitales pueden usarse para el mal ¿por que no usarlas para el bien? Suena coherente, pero complicado. El mismo autor explica la necesidad de continuas iteraciones entre raciocinio y experiencia emocional positiva para desarrollar actitudes edificantes ante los “otros”, esfuerzo que no es necesario si lo que se intentan desarrollar son emociones negativas. Personalmente creo que el medio más capaz de conjuntar lo necesario para lograrlo sería el cine, igual me parece lejano.

     Mi única crítica a la argumentación de “¿El fin de la razón?” recae en el aparente total convencimiento de que los discursos de odio y la xenofobia reproducidos por el amarillismo son infundados. El “otro” fue cien por ciento fabricado por los medios. ¿A caso es tan difícil pensar que existe un verdadero conflicto ideológico-cultural entre inmigrantes y habitantes naturales de un territorio? Sí, obviamente es un método conveniente para cualquier oligarquía el tener a la mano chivos expiatorios para lavarse las manos, pero creo que el conflicto real no puede dejarse a un lado. El neoliberalismo transnacional provocó la migración —ya sea para conseguir mano de obra, o por la pauperización regional— y despreció los rasgos culturales existentes en las poblaciones y los posibles conflictos que surgirían. La cada vez mayor presencia del islam en Europa va de la mano al resurgimiento de la derecha, pues vuelve a introducir a la religión dentro de la esfera pública. Desarrollar empatía con un “otro” con el que es difícil transigir y con el que difícilmente se van a compartir valores requiere practicar un “ama a tus enemigos” que no es muy racional en esencia y que tampoco es fácil de inculcar.

      En fin, el libro es una lectura pertinente. Espero que concienzar sea una manera de combatir el insufrible nihilismo y la práctica política irracional que campea en las redes sociales. El grado de cinismo que se llega a profesar y las lamentables posturas políticas que se comparten diariamente por las redes. Para mi ellas son un claro indicador de decadencia; ojalá la producción y lectura de títulos como éste ayuden a subsanarlo.




lunes, 2 de marzo de 2020

"HISTORIAS DE SALVAJES" DE ROGER BARTRA

Este ­libro básicamente es un apéndice a El mito del salvaje publicado con anterioridad por Roger Bartra; de hecho, ese fue el libro que hace no mucho me recomendaron. No recordé el nombre correcto así que en su lugar terminé leyendo éste. Consta de 102 páginas bastante entretenidas y ligeras. Con sus aventuras trágicas, cómicas y datos algo escandalosos no me sorprendería que consiguiera buenas ventas. La foto de una mujer barbada en la portada le da el toque extra.

    Historias de salvajes está compuesto de cuatro capítulos y un breve prólogo. Como su título promete, trata de historias de personajes, situaciones y momentos que ejemplifican lo que Bartra denomina “el mito del salvaje”; ésta es la principal relación que hay entre sus secciones. Tres se enfocan en individuos peculiares, mientras que la restante se dedica a analizar un rasgo de la cultura occidental: el primitivismo en el arte moderno. 

    Julia Pastrana, mujer originaria del norte de México, es la protagonista de la primera; debido a su hirsutismo e hiperplasia gingival tuvo una vida azarosa como estrella de freak shows decimonónicos en Estados Unidos y Europa. En definitiva este personaje tiene una extraña condición; pero no solamente fisiológica o congénita, sino también como fenómeno historiográfico. Un personaje con sus características da pie a múltiples versiones acerca de su carácter, su educación, su origen, que obstaculizan cualquier conclusión firme. Casi en cada ciudad a la que llega, un naturalista o médico la examina y, cada cual, plasma en sus descripciones las ideas preconcebidas de su época y las reacciones emotivas que le causa. Para evitar que alguien más le quitara el próspero negocio y al parecer por predilección personal, su empresario se casa con ella. Salen de América y la lleva a través de ferias desde Londres hasta Moscú, dónde ella fallece de manera prematura. En realidad la historia no acaba ahí sino hasta el 2013 en Sinaloa, pero no es mi intención hacer aquí el resumen de todas las peripecias. Definitivamente es un caso notorio por la magnitud de su impacto y puede estudiarse desde diferentes puntos de vista. Por cierto, hay una película inspirada en ella.

Caníbales preparando a sus víctimas de Francisco de Goya

    El ejemplo sirve para traer a discusión la idea de lo monstruoso como alteridad. Tales espectáculos producen cierto vértigo en el público cuando se le coloca frente a un límite muy cercano (con el “otro”), nos dice. Pero, lejos de desensibilizar a la población, más bien despiertan actitudes críticas ante lo establecido e incitan a recordar que la aparente normalidad en la que se vive puede ser también monstruosa. Detrás de la extrema fealdad se puede encontrar una belleza que pocos aprecian.

    Hay otro aspecto de lo monstruoso como espectáculo que Bartra señala y que es posible percibir a través de los grupos underground de aficionados al snuff o la necrofilia por internet (¿se podrá incluir la nota roja?) Descartando que se trate de meras manifestaciones de enfermedad mental o síntomas psicológicos, el autor nos dice que indican una inquietud en la sociedad por explorar y entender los territorios del mal y lo anormal. Al final esto posee un efecto legitimador: “El abismo de malignidades y de dolor ocasiona que la sociedad “normal” desarrolle impulsos de cohesión, de afirmación de la identidad y de conservación del statu quo.” Me viene a la mente el efecto que tuvieron casos recientes como el de Fátima o el del “Monstruo de Ecatepec”.

    Después, sigue la noticia de un grupo de indios iowas que viajaron a Francia y de la descripción que la famosa escritora George Sand hizo de ellos. La aventura de los nativos y la de Julia Pastrana son equivalentes, pues tanto ésta como aquellos, desempeñaron la función de un “otro” destinado a maravillar a la sociedad occidental. En París, invitan a los indios a que realicen sus danzas rituales frente al atento y cosmopolita público. Resulta claro que les mienten al decirles que son una embajada representante de su pueblo, cuando en realidad lucran con su presencia. Los doce tienen historias de vida particulares, sin embargo, al igual que en el caso de Julia, se ven enturbiadas por las diferentes versiones que existen. A los ojos de Sand y de muchos como ella, las figuras salvajes poseen una ambivalencia marcada: o son vistos como personajes nobles, portadores de virtudes antiguas y de una belleza aún sin pulir, o como hombres bajos y burdos, llenos de ignorancia, violencia y vicio. Su pluma nos ayuda a descubrir otra arista de la cuestión. Durante un tortuoso viaje, que debió haber sido placentero, con su amante, el aclamado pianista Chopin, realiza una descripción de los habitantes de Mallorca. Al experimentar la insalubridad de su hospedaje, señala en sus cartas a estos europeos como salvajes y despotrica contra ellos. Detesta todas sus malas costumbres, su fanatismo religioso y mezquindad. No puede esperar volver a las bondades de la cultura francesa. 

    Queda demostrado que el salvaje, de alguna forma, siempre es europeo. El salvaje no tiene que venir de Kansas o Nebraska y creer en deidades tribales para serlo; quizás es cristiano, español y paupérrimo. Sigue cumpliendo la misma función de conformar con su presencia lo civilizado. Existe una serie de cuadros de Goya en las que pinta a caníbales. En un comienzo se interpretaron como representaciones del martirio de dos eclesiásticos jesuitas en Canadá; sin embargo, mirándolas bien, en ellas, al igual que en la mayoría de las pinturas de Goya, tan solo se plasma la brutalidad del mundo que conoció. Los caníbales de Goya igual son europeos.

La hoguera de Francisco de Goya

    Sigue la sección más interesante del libro; además, la más académica en términos argumentativos y de escritura. En el tercer capítulo se exponen varias corrientes interpretativas que buscan clarificar el proceso de modernización en las artes plásticas. ¿Cuál es la razón de que el arte europeo comience a alejarse de las técnicas y lenguajes de representación que fueron dominantes durante siglos? La figura del salvaje como temática apareció en el arte desde hacía mucho tiempo, pero lo había hecho bajo los criterios normativos clásicos. Lo curioso es que a partir de fines del XIX, ha sido, más bien, el artista quien la encarna cuando pinta o esculpe sin tomar en cuenta ningún orden ni código preexistente.

    La exposición amerita una entrada completa al blog. Aunque muy breve, nos permite vislumbrar la complejidad y riqueza del tema. Éste no es un libro acerca de arte, en realidad creo que es un libro poco ambicioso; sin embargo, aquél que se haya interesado en el fenómeno de la modernidad, lo mítico en el arte o el clasicismo, puede encontrar indicios fecundos en sus páginas. Como el autor menciona: “la continuidad cultural muchas veces es más misteriosa que las rupturas”. ¿Fue el primitivismo en el arte una reacción en contra del progreso o fue un acontecimiento impulsado por las nociones de experimentación moderna y novedad? ¿reaccionó la sociedad contra los valores burgueses o todo lo contrario? Puedo señalar un par más de aparentes contradicciones de las que me pude apercibir durante la lectura; además, como no deja de hacerlo durante todo el libro, incluye información satisfactoria por su mero carácter anecdótico y vacilador. ¿Será veraz? habrá que investigarlo.

    La última historia de salvajes es la justa conclusión. Se trata de la historia de un tal George Psalmanazar, quien en realidad erá sólo un francés del siglo XVIII que se hizo pasar por habitante natural de la isla de Formosa (hoy Taiwan). Inventó con gran detalle una descripción geográfica y etnográfica de la isla y, a pesar de sus evidentes facciones caucásicas, le tomó el pelo a la sociedad inglesa de manera magistral (en su época había muy poca noticia de los verdaderos habitantes del lejano oriente). Incluso su texto llegó a influenciar a autores literarios de la época. Finalmente, en su vejez, decide confesar su impostura y escribe sus memorias. Arrepentido de haber vivido la farsa y obsesionado por su identidad, decide crear otra persona, otra “máscara”, la faz “verdadera” que le reivindicaría a su muerte. Es aparente que la sociedad occidental, o cualquier sociedad, tiene mucho en común con la actitud de Psalmanazar. La construcción de la identidad es un proceso permanente y el mito del salvaje es una herramienta más para su consecución, un recurso útil embebido en lo profundo de nuestra cultura.

    Como dije en un principio, este libro no es más que uno entre varios que ha publicado el autor con títulos similares: el mito del salvaje, el salvaje en el espejo, el salvaje en el cine, etc.  Pareciera que hay bastante tela de dónde cortar. Regálaselo en su cumpleaños a alguien si quieres causar alguna impresión. En pocas páginas este título me divirtió y me hizo pensar, y eso es más que suficiente. 

jueves, 30 de enero de 2020

"DESARROLLO NON SANCTO"

El asunto de la crisis ambiental aparentemente ha rebasado el estatus de mero sentimiento de culpa adjunto al consumismo y se ha colocado como problema central de la política internacional, incluso se  le ha clasificado como “amenaza existencial” para la humanidad. Inserto en esta dinámica de decadencia ecológica, nos encontramos con Desarrollo non sancto, libro que a pesar de tener en la portada la basílica de San Pedro y un alarmante latinajo en el título, se caracteriza por su mínimo contenido doctrinal cristiano. 

    Coordinado por Adrian E. Beling y Julien Vanhulst, el libro está dividido en 3 secciones además de dos breves prólogos y una introducción. Cada sección trata de algún aspecto del involucramiento de la Iglesia en el problema ambiental, y está compuesta por dos o tres ensayos y una sección de entrevistas. La idea de conformar este volumen surge de la encíclica Laudato si' sobre el cuidado de la casa común, que publica el papa Francisco en el 2015 anticipándose a los Objetivos de Desarrollo Sustentable (ODS) y al Acuerdo de París que coordinó la ONU. Su propósito es entonces mostrar las diferencias y similitudes que existen entre ellos, al mismo tiempo que señalar su potencial como detonante de un cambio profundo en la sociedad.

    Si no se tenía conocimiento previo de Laudato si', a través del primer capítulo se puede entrar en materia. En él, Enrique Leff menciona lo más característico del documento y comienza a perfilar la clase de comentarios que se desarrollarán más adelante. En realidad, lo más notorio de la encíclica es que otorga gran libertad a las diferentes posiciones ambientalistas que dan color al panorama socio-político actual; especialmente se adapta a las que han surgido en el ámbito latinoamericano. Critica al extractivismo despiadado y la deificación del mercado, critica también a la razón técnica o instrumental que conduce a un “antropocentrismo desviado”, pregona la interrelación de todos los fenómenos socio-ecológicos, y pone como eje central de un nuevo orden emanado de la justicia al Pluralismo. 

    Con estos sencillos puntos mencionados, a través de los siguientes capítulos las participaciones de los demás autores irán dando voz a diversos discursos. El tono que permea al libro de principio a fin es el de la crítica a la Modernidad; se declara y se define la “crisis civilizatoria” por la que atraviesa el mundo, al mismo tiempo que se aborrece cualquier pretensión de rescatar el concepto mismo de Desarrollo (como lo hacen los ODS y el Acuerdo de París). En más de un ensayo se habla de que el principal problema es el antropocentrismo objetivizante, monocultural y patriarcal. Para los autores es necesario descartar cualquier pretensión de universalidad, de lo Uno; en este punto difieren con la proposición papal, que en vez de ello sugiere el volver a la “figura de un Padre creador y único dueño del mundo” como la única salida a la racionalidad instrumental que se ha vuelto una hybris.

Papa Francisco en el sínodo amazónico, 2019

    Entre más se avanza en el contenido de los diferentes capítulos uno llega a preguntarse la razón profunda detrás de la encíclica y del libro. Justo en el momento en el cual a un nivel global se perfila una “crisis civilizatoria”, justo cuando precisamente se ponen en tela de juicio muchas de las aportaciones de la Ilustración al mundo occidental, el Vaticano se descuella por un nuevo “ecumenismo” que, al menos en discurso, habla de recoger las aportaciones de distintas filosofías, saberes, religiones y de la ciencia para alcanzar un nuevo estadio; formar una nueva ética plural que pueda ser verdaderamente adoptada por todos. ¿Estará con esto declarando que el camino a la salvación está también en manos de los paganos y los ateos? Pareciera que la Iglesia católica está dejando ir una gran oportunidad de volver a expandir su influencia por el mundo occidental. ¿O será acaso que el Vaticano con esta “movida” en realidad se está aprovechando maquiavélicamente de las fuerzas disgregadoras del posmodernismo para sus fines? A diferencia de las propuestas que se mencionan en el libro, la propuesta papal sí aboga por una verdadera Autoridad Política Mundial, un Tribunal Internacional contra los Delitos Ambientales que sea capaz de poner límites a la ambición desmedida donde quiera que asome. Quizá el papa no es tan ingenuo y sabe que el Pluralismo significa muy poco sin las instituciones represoras necesarias para mantener una estabilidad. Con toda seguridad, esta aproximación a los problemas internacionales ocasionará divisiones dentro del catolicismo y molestia en sus aliados tradicionales. A pesar de nunca dirigir sus ataques en contra de la burguesía o el Capitalismo, sí ataca a la lógica de acumulación y declara suicida la idea ilusoria de un crecimiento ilimitado. Se opone también al “modo de vida imperial” aspiracionista que se vende como una promesa incumplible de consumismo, y hace un llamamiento a “escuchar el grito de la Tierra y de los pobres”; lo cual tiene reminiscencias de aquella conocida frase de Marx: "El capitalismo tiende a destruir sus dos fuentes de riqueza: la naturaleza y el ser humano."    

    Me pareció interesante la participación de Maria Luisa Eschenhagen cuando habla acerca del “Buen vivir” o Suma qamaña de los pueblos sudamericanos y del punto de contacto que el Budismo encuentra con la encíclica para fundar una nueva ética socio-ambiental. Respecto a lo primero, describe de manera efectiva las concepciones del mundo holísticas en las que todos los factores que hacen posible la vida se interrelacionan y se tiñen de sacralidad a través de los ciclos rituales. Asegura, me parece que con mucha insistencia, la dificultad (casi imposibilidad) de una traducción real de los conceptos aymaras a los términos occidentales-modernos; incluso, citando a Boaventura Sousa Santos, declara que es necesario deshacerse del concepto de traducción y adoptar la multilingualidad. Definitivamente suena como algo útil, lástima que no profundice al respecto. En cuanto a lo segundo, más bien lo aborda de una manera algo superficial al dedicarse a narrar la historia de Gautama Buda y recapitular las 4 Nobles Verdades del Budismo. La parte más efectiva de su argumentación recae en dejar patente que los valores culturales del sistema económico actual se oponen diametralmente a los principios budistas para liberar al hombre del sufrimiento.   

    Es común escuchar el discurso romántico de la vida de los antiguos pobladores de América y de su armonía con la tierra; sin embargo, se suelen pasar desapercibidas las estrictas reglas calendáricas bajo las que se regían y su patente militarismo. En el texto, en un par de ocasiones, se dice que no se está idealizando a los pueblos indígenas, sin embargo, no puedo dejar de percibir la figura del “buen salvaje” una y otra vez. Una sociedad futura que busque ser estática (o reducir el crecimiento al mínimo) se enfrentaría pronto a los autoritarismos tradicionalistas o colectivistas, y las libertades se verían mermadas. ¿Cómo podría existir una humanidad verdaderamente plural, si el “modo de vida imperial” estará fuera de toda discusión? ¿cómo convencerán a las masas urbanas de adoptar un nuevo modo de vida más cercano a lo rural? El tema de la violencia y la guerra, sólo es mencionado por Alberto Acosta cuando admite que para garantizar los “buenos convivires” será necesario propiciar la paz mundial y alentar un desarme masivo. Destinar el presupuesto militar a las necesidades más apremiantes de la humanidad; lo cual es bastante ingenuo.  
 
    Desarrollo non sancto presenta posiciones radicales frente al cambio civilizatorio que lleva al menos 20 años vaticinándose; integra a la discusión las propuestas papales, y opone ambos puntos de vista a los discursos propuestos por la ONU (que se presentan como insuficientes, continuistas, y casi nocivos). Creo, sin embargo, que este libro puede no ser adecuado como introducción al tema, pues resulta confuso por su ordenamiento y se necesitan lecturas previas para entenderlo mejor. Estoy seguro que su contenido incomodará a los lectores conservadores y católicos; no solo por lo que se declara en él (relativización de las bondades del desarrollo económico, oposición al concepto de verdad, ciencia y tecnología, oposición al conocimiento experto y su colonialidad, etc.), sino porque en muchas ocasiones el papel de la religión toma un segundo plano. Sólo el ensayo de Pirmin Spiegel, que se encarga específicamente del activismo internacional eclesiástico en el ámbito socio-ecológico, le da centralidad. En fín, este título abona su parte a los debates acerca de un Nuevo Orden, que aunque aún se encuentran en un estado embrionario, comienzan a tomar mayor ímpetu. El target market al cual está dirigido aún es una incógnita para mí, pero creo que las personas con inclinaciones políticas de izquierda lo aprovecharán mucho más.      

viernes, 6 de diciembre de 2019

"LAS CIUDADES INVISIBLES" DE ITALO CALVINO

En esta ocasión escribo acerca de un libro de ficción. Rara vez escribo o hablo sobre ellos por la simple razón de que rara vez los consumo; desde que salí de la preparatoria abandoné en gran medida este tipo de lecturas. Claro que he leído varios en todo este tiempo; no es que me desagraden. Algunos los he tomado del librero familiar; otros los leí para asignaturas de la carrera, y otros pocos los he buscado. Quizás ha dominado en mí la búsqueda de explicaciones y la finalidad utilitaria. Me acuso de ello.

    Ahora bien, últimamente surgió en mí el interés por los temas relacionados a las ciudades. La Ciudad de México, por ser la que tengo más cerca y por mi orgullo capitalino, fue la primera en la que pensé, sin embargo no tardé en compararla con otras. A veces, cuando me hallaba leyendo información sobre alguna en particular u observando las calles al ir en auto recordaba el título de Las ciudades invisibles. En realidad, recordaba la recomendación de leerlo que me hizo un compañero hace mucho, así que cuando tuve la oportunidad lo conseguí. Fue una lectura grata. El haberlo leído me llevó a decidir que conjuntar mi reciente interés con la intención de retomar el género de ficción sería lo más adecuado: dos pájaros de un tiro.

    La obra está estructurada en secciones muy breves dedicadas a cada ciudad imaginaria, con la peculiaridad de que, en lugar de intitularse con los nombres correspondientes, se clasifican en desorden por temáticas del tipo: la ciudad y los muertos 1, la ciudad y los ojos 4, etc. Estas pequeñas secciones están agrupadas a su vez en capítulos enumerados del uno al nueve con números romanos. Se trata de una lista como la que ordenaría un poemario. Intercalados, al principio y al final de cada capítulo, encontramos fragmentos de diálogo entre los dos únicos personajes que aparecen en el libro: Marco Polo y Kublai Kan, emperador de los tártaros.

Erosion por Jacek Yerka

    La curiosa estructura, junto al estilo que emplea el autor, le da el color a un mundo lejano en el cual uno disfruta dejando a la imaginación explayarse. Pueblan las descripciones fuentes de plata, torres de cristal, desiertos bajo la luna y caravanas. Sin embargo, conforme avanza la lectura, uno se sorprende al toparse con características propias de las metrópolis modernas entre toda la maravilla antes mencionada. El mundo onírico y el sabor arcaizante de la narración se entreveran con el mundo de la urbe y la literatura contemporáneas. Los personajes del gran Kan de oriente y el famoso comerciante veneciano pueden llegar a parecer dos amigos bohemios que cavilan sobre los absurdos de la vida.

    Todas las ciudades que Marco Polo describe para Kublai Kan son en realidad formas de vivir en ellas, maneras en las que el forastero se relaciona con los lugares a los que llega, pensamientos que surgen cuando uno toma la suficiente distancia y observa el caos alrededor. En algunos casos, hace hincapié en lo desagradable; en otros, en lo bello. Al final podemos juntar unos aspectos con los otros y adivinar una sola ciudad metafísica. 

Tower of subconciousness por Jacek Yerka

    Partiendo de mi contexto como lector, en general Las ciudades invisibles nos conduce a reflexiones tan enriquecedoras como cualquier monografía histórica bien elaborada. Nos enseña a apreciar en su justa medida la experiencia citadina, agréguese el disfrute literario. Recomiendo el texto a cualquier interesado en este tema tan actual y a cualquier aficionado a la literatura fantástica.   

sábado, 30 de noviembre de 2019

"EL INTELECTUAL MEXICANO, UNA ESPECIE EN EXTINCIÓN"

Hace tiempo, el título capturó mi atención desde los estantes de las librerías, pero no me había decidido a comprarlo. Los autores, Luciano Concheiro y Ana Sofía Rodíguez, me eran aún desconocidos. El libro consiste en una colección de entrevistas con personajes notables que participaron en el ambiente cultural y político mexicano en la última mitad de siglo. Varios de ellos son bastante conocidos; otros no tanto. Mi propósito aquí es dar una breve reseña del contenido y compartir las reflexiones a las que me llevó su lectura.

    La obra consta de catorce entrevistas entre las que se cuentan las de Elena Poniatowska, Roger Bartra, Lorenzo Meyer, Jorge G. Castañeda y Juan Villoro. Gran parte de las entrevistas son entretenidas, sin embargo hay dos o tres que más bien son parcas. El interés inmediato surge de la narración de anécdotas; la remembranza de personajes ya desaparecidos como Octavio Paz y Carlos Monsivaís son un tópico recurrente. También resulta interesante la manera en que los entrevistados forman la idea que tienen de sí mismos, las justificaciones que dan a sus trayectorias y la importancia que se adjudican. Aunque esta no es una fuente dura para el estudio de las publicaciones periódicas en México, creo enriquecedor el acercarse a los juicios subjetivos que emiten los principales protagonistas del ámbito periodístico en los últimos 60 años.

 
Octavio Paz y Carlos Monsivais circa. 1971

    De entre todas, resalto la entrevista con el doctor Juan Ramón de la Fuente. Los autores expresan su intención de no excluir a los científicos en su definición de intelectual, cosa que me pareció un buen punto. Desgraciadamente, la entrevista deja que desear, pues las preguntas son poco incisivas y las respuestas vagas. Al final de cuentas, uno se queda con ganas de leer un trabajo igual a este, pero sobre científicos. ¿Cómo experimentan los hombres de ciencia la influencia de la política en su labor? ¿Hasta qué punto los investigadores han desempeñado un papel más allá de las aulas?

    Varios entrevistados tuvieron una formación política de izquierda, con una marcada tendencia militante; pertenecieron a organizaciones sindicales, vivieron el movimiento estudiantil del 68 o participaron en el surgimiento y transformación de partidos políticos. No faltan los testimonios relativos al antiguo Partido Comunista Mexicano, desde dentro y desde fuera. Así, el texto nos invita a reflexionar sobre la izquierda en México: lo que significa y significaba pertenecer a esta corriente política, y la manera en que el ímpetu militante muchas veces termina en contemporización con el establishment.

    Como último apartado viene incluida, más que una conclusión, una especulación respecto a la presunta próxima extinción de los intelectuales y lo que nos depara el futuro con internet. Opino que esta parte es, por mucho, la más importante y que fue un error total no haberla incluido a modo de introducción. A pesar de que los autores citan nombres y presentan fundamentos teóricos, es lamentable que las entrevistas carezcan totalmente del elemento prospectivo. Cuando se termina de leer las últimas líneas, surge la pregunta: ¿por qué no fueron estas reflexiones el eje sobre el que se articularon todas las entrevistas? Definitivamente habría sido genial saber de primera mano la opinión de los aludidos.

    En fin, admito que disfruté del libro y aprendí de él, aunque no superó mis expectativas. Me queda la impresión de ser un trabajo que pudo haber ofrecido mucho más. El intelectual mexicano, una especie en extinción vale la pena como lectura introductoria, pues despierta el interés por profundizar en el tema y es entretenido, pero sólo eso.